Oía una respiración desesperada, sus pensamientos deseando la muerte, habia en ella esa especie de sueño que tiene un miercoles por la madrugada, pero despierta. Una especie de presión arrojaba su dignidad por la ventana, después le oprimía la piel contra los huesos y dejaba que todas las sensaciones que recibía su piel le llegaran hasta el alma, gritó, no sabía que hacer, se quedo muda..., tratando de saber qué pasaba.
Aquel carnicero de otro mundo llegaba mientras ella dormia a su cuarto tratando de tocarla..., pero no era él, estaba despierta, esta vez no soñaba, ¿qué le estaba ocurriendo? comtemplo como se cotemplan dos caminos , en una situación peligrosa, ¿ el cielo o el infierno ? . Las dos respuestas que tenía para contestar la angustia que estababa viviendo resultaban ser dos opciones las cuales contenían creencias distintas y la que eligiera estaría con ella toda su vida.
Una era: El carnicero podría no sólo molestarla cuando dormía, como era costumbre, si no este comenzaría a tocarla incluso de día, tendría que vivir con ello, y oí, muy claro, como los bellos de todo su cuerpo se enchinaron y como su camisón se arrugo por la tensión de su cuerpo.
Contemplo la otra opción, que explicaba lo que le sucedía , no quería hacerlo pero recordo que apenas hace unos minutos había descubierto que su hija era un puta, lo cual le producía toda esta angustía. Todo aquello en lo cual creía le oprimía la piel contra su alma hasta el punto de la asfixia, dejandola sin esperanzas.
Eran dos caminos, a los cuales desde su mente ella veía como dos tuneles en forma de vagina, inmensamente profundos, estas vaginas eran sucias las dos por igual, eran peludas, llenas de pus, las dos igual de repugnantes. Esa noche sin darse cuenta se quedó dormida mientras el carnicero le relataba como había visto a su hija ser tocada, - ¿le gusto? - preguntó - Le encantó- contestó el carnicero.
Yo mientras me retocía en mi cama del enojo, escuchando la conversación, pensando en cómo lo distorsionaban todo, el verbo "encantar" no era suficiente, mi vida de puta era mucho más.
Aquel carnicero de otro mundo llegaba mientras ella dormia a su cuarto tratando de tocarla..., pero no era él, estaba despierta, esta vez no soñaba, ¿qué le estaba ocurriendo? comtemplo como se cotemplan dos caminos , en una situación peligrosa, ¿ el cielo o el infierno ? . Las dos respuestas que tenía para contestar la angustia que estababa viviendo resultaban ser dos opciones las cuales contenían creencias distintas y la que eligiera estaría con ella toda su vida.
Una era: El carnicero podría no sólo molestarla cuando dormía, como era costumbre, si no este comenzaría a tocarla incluso de día, tendría que vivir con ello, y oí, muy claro, como los bellos de todo su cuerpo se enchinaron y como su camisón se arrugo por la tensión de su cuerpo.
Contemplo la otra opción, que explicaba lo que le sucedía , no quería hacerlo pero recordo que apenas hace unos minutos había descubierto que su hija era un puta, lo cual le producía toda esta angustía. Todo aquello en lo cual creía le oprimía la piel contra su alma hasta el punto de la asfixia, dejandola sin esperanzas.
Eran dos caminos, a los cuales desde su mente ella veía como dos tuneles en forma de vagina, inmensamente profundos, estas vaginas eran sucias las dos por igual, eran peludas, llenas de pus, las dos igual de repugnantes. Esa noche sin darse cuenta se quedó dormida mientras el carnicero le relataba como había visto a su hija ser tocada, - ¿le gusto? - preguntó - Le encantó- contestó el carnicero.
Yo mientras me retocía en mi cama del enojo, escuchando la conversación, pensando en cómo lo distorsionaban todo, el verbo "encantar" no era suficiente, mi vida de puta era mucho más.